Logo Mas-Masiá, también conocido como mas masia

Mas Masia es una familia de emprendedores Valencianos. Este post es un homenaje a mi familia, un breve relato de la historia de unos pioneros que da paso a la fundación de la empresa familiar Mas-Masiá.

La bisabuela, el origen del clan Mas Masia

Hasta donde yo sé, los negocios de la familia vienen desde mi bisabuela, que se dedicaban a la cordelería y todos sus derivados en la plaza del Collado en Valencia.

El hijo, mi abuelo, después de la guerra,  se dedicó a viajante de una empresa de calzado, cuando los viajantes eran la viva imagen de la empresa que representaban y estaban desde luego muchísimo mejor considerados que ahora.  El nivel cultural debía ser muy superior a la media ya que tenían que entrar en negociaciones de todo tipo y con  gentes de todo rango de clases sociales. Entonces el viajante llevaba sobre sus espaldas todo el futuro de la empresa y su imagen, su fiabilidad, su compromiso, su formalidad y  en definitiva el éxito de la empresa.

Yo le recuerdo espigado, siempre con sombrero, de una seriedad absoluta. Cuando su hijo mayor Salvador (mi padre) cumplió los catorce, no recuerdo por qué motivos, tuvo que viajar a Francia. En aquella época las necesidades familiares eran acuciantes y la gente crecía más rápido por necesidad

En aquel viaje, aquel jovencito, se fijó que todos los días, al finalizar la jornada, en una gasolinera donde habían parado, tapaban los surtidores con un material que para él era completamente nuevo. Era transparente, impermeable, flexible…  Por la noche en el hotel estuvo dándole vueltas a la cabeza a ese material que lo había sorprendido.

Plexigláss: el punto de inflexión

Por aquel entonces Salvador tenía una novia en Valencia (mi madre) y suspiraba por el día que pudiera independizarse y pasar con ella el resto de su vida. Tanto la necesidad  como la sorpresa del descubrimiento le hicieron volver al día siguiente a la gasolinera para averiguar quién les vendía ese material. Todo esto a espaldas de su padre, mi abuelo.

Le dijeron que se llamaba plexiglass . Averiguó el proveedor y ni corto ni perezoso allí se presentó no se sabe bien con que excusa de cara a su padre y le propuso al fabricante enviar a Valencia un camión completo de plexiglass. La cara del gerente de esa empresa era un cuadro irrepetible.

Tenía delante a un chaval de 16 años que le venía con una operación que sin duda le interesaba. Estuvo haciéndose de querer un buen periodo de tiempo, rogándole que le dejara explotar ese material en España y ofreciendo garantías que de las que el mismo dudaba. Al fin cedió el fabricante y envió el camión a Valencia. Claro que su padre no sabía nada y me contaba con emoción la fabulosa regañina que le calló por atreverse a semejante locura sin su autorización.

Orgulloso como nadie, mi padre se puso manos a la obra. Entonces tenían un local en la calle Músico Peydró justo enfrente del actual Mas-Masiá. Era un local pequeño de dos plantas. La planta baja la utilizó para almacenar el plexiglass y en la planta superior disponía de espacio para manipularlo. Pero el problema era qué hacer con eso!

Esto es un anuncio en el periódico Las Provincias de 1954 donde se promocionaban los locales abiertos al público.

Mas Masia 1954

Una tormenta de plástico inunda Valencia: el “persiplou”

Su padre apremiaba para recuperar el dinero invertido y su honor estaba en juego ante su padre. Empezó a hacer pruebas, que si un bolso transparente que no tenía mucho sentido, que si un cinturón que bueno más o menos podía quedar bien, que si una corbata… Noches enteras de desvelos y pruebas y más pruebas le llevó probar con los cinturones. Preparó la planta baja y llenó el escaparate de cinturones de plástico con un resultado que nunca podía haberse imaginado. Éxito total de manera que el primer día se quedó sin cinturones así que tuvo que quedarse toda la noche a confeccionar más cinturones. Al día siguiente lo mismo. Necesitaba ayuda urgente. Su padre le ofreció varios contactos y montó un pequeño taller en la planta superior. Compra de maquinaria, organización de la tienda y bueno ya que aquello tenía un éxito inesperado probó con las corbatas.

Corbatas??? Exclamó su padre. Pues si, fueron corbatas y a miles. Se pusieron de moda en un abrir y cerrar de ojos, las colas eran enormes y así estuvo una temporada. Pronto se acabó el camión de plexiglass así que hubo que ir a por más. Mientras le seguía dando vueltas a la cabeza para ver que futuro podría darle a este material. Casualidades de la vida, le llevó a conocer a una modista, la llevó a su taller y “voila”.

Cortinas para el baño, delantales, manguitos, y algo que ya fue definitivo y probablemente un hito histórico en cuanto a ventas se refiere. El primer impermeable de la historia fué bautizado como “Persiplou”  que para el que no hable Valenciano diré que es un juego de palabras que significa , por si llueve.

Las gentes no daban crédito a tan sensacional invento. Algo trasparente que te aislaba completamente del agua, que apenas ocupaba espacio y duraba una barbaridad.  Se empezó a comercializar en la tienda de Músico Peydró hasta que…

Al futbol con persiplou

…muy astutamente un día lluvioso de partido invitó a todos los empleados de las tiendas a verlo con su “ Persiplou” cada uno. Todos los asistentes se sorprendieron viendo que una larga fila de espectadores hacían caso omiso a la lluvia siguiendo sentados tan tranquilamente en sus gradas. Y esto marcó un antes y un después en la historia de la familia Mas Masiá, ya que al día siguiente las colas daban la vuelta a la manzana literalmente.

Después llegó la compra del edificio de la Plaza de la Merced que hasta entonces había sido un sitio de alterne. Reformarlo y ponerlo en marcha fue cosa hecha. Eso fue por el año 1957.

Después los hermanos fueron buscando distintas soluciones profesionales para cada uno de ellos montando diversas tiendas a lo largo de los años.

6 años más tarde de su inauguración nacería yo, el que les cuenta esta historia, que me crié correteando por las tiendas desde los primeros días de mi infancia y aún ahora sigo haciéndolo solo que ahora soy propietario de dos de ellas, la de Zaidía en la calle Maximiliano Thous y la de Monteolivete en la calle Escultor José Capuz.

Estáis invitados, espero poder saludaros personalmente a todos.

 

Víctor Mas-Masiá Sierra.

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